Premio a la esperanza

Un texto «esperanzador» sobre dos inmigrantes marroquíes sirvió a la escritora navarra Isabel Hualde para alzarse el pasado sábado con el primer premio ‘ex aequo’ del Certamen de microrrelatos de Amnistía Internacional Valladolid

Javier Estévez. Foto: Pablo Álvarez – Pamplona

Isabel Hualde (Carcastillo, 1952) utiliza el apellido de su madre porque quiere dar voz a una mujer que era muy callada y humilde. No lo hace a través de la oratoria, aunque demuestra facilidad de palabra. Prefiere expresarse mediante la escritura, disciplina en la que se inició con el objetivo de exteriorizar sus sentimientos y que le ha llevado a obtener numerosos reconocimientos. El último, el primer premio ex aequo de la cuarta edición del certamen de microrrelatos organizado por la delegación de Valladolid de Amnistía Internacional, cuya gala se celebró el pasado sábado en los jardines de la Casa-Museo de José Zorrilla y que se estructuró en torno al 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Hualde no necesitó más de doscientas palabras para contar la historia de dos inmigrantes de nacionalidad marroquí a los que conoció en Liédena, pueblo en el que residió durante 27 años. Amal (‘esperanza’, en árabe) es un relato de superación sobre Mohamed y Akima, que consiguieron salir de su país e integrarse con éxito en una sociedad diferente. Reconoce que hay muchas ocasiones en las que la realidad es más cruel con las personas migrantes, pero quería construir un texto «esperanzador», una historia con final feliz. Desde la organización del certamen deseaban también que esa emoción predominase en los relatos concursantes, un total de 142.

La escritora, que fue finalista del mismo concurso en las ediciones segunda y tercera, hace uso de su altavoz para tratar temas sociales, con la solidaridad como eje.

Ese valor se traslada a su manera de concebir el mercado literario: «Sólo estoy centrada en escribir y en otorgar la cesión de mis derechos a actividades y causas que a mí me interesan, como las desarrolladas por la Asociación Navarra en favor de las personas con discapacidad intelectual (ANFAS) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)», comenta. También rehuye de aquellas editoriales con intereses puramente económicos y literarios, y busca aquellas con «otros intereses añadidos». «Ya no tengo energía para movilizarme, lo que puedo aportar es a través de la palabra», confiesa. Esta es la manera en la que lucha por sus convicciones y, de paso, da voz a su madre.

Comienzo de Amal:

Dicen que mi nombre resonó en el vientre de mi madre bajo el hilo curvo de la luna creciente, que uno de sus brillos delató en los ojos de ella el prodigio de la esperanza, hasta que ésta se hizo demasiado redonda y grande para permanecer adentro. Y así nací yo, enrojecida y estrenando la vida con mi llanto, urgiendo de su teta el paraíso de la leche caliente.


FUENTE: Diario de Navarra, 21/06/23

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