Código deontológico. Reseña de Elena Castro

Entre las páginas de este poemario encontraremos el palpitar contradictorio de las encrucijadas, el sutil viaje que nos invita a sumergirnos en la niebla frente a un “barco fantasma anclado en el rocío”, o a “expandir nuestra risa por la libertad de los campos”; un grito que nos invita a despertar, a renegar de nuestra propia vanagloria frente al desgarro del mundo.

Isabel es la sensible y extasiada pluma que da voz a la soledad, al dolor y a la muerte de tantos seres vivos, a la vez que desnuda los oscuros rincones del alma humana.

Código Deontológico estremece, conmueve y despierta la ternura y el abismo que nosotros mismos hemos creado y en el que nos perdemos. Sin embargo, no nos deja atrapados en la telaraña, leerlo es mecerse hacia la esperanza vestidos de otras pieles, es un canto a los sonidos que van mucho más allá del “zumbido de los humanos / ensayando / sus respectivos monólogos”. Entre los diferentes seres que transitan por este poemario no podía faltar un homenaje a Kima, la vieja gata llena de misterio… y de sabiduría.

Las ilustraciones de Oihana acompañan magníficamente al texto recogiendo su esencia y ampliándola más allá de la realidad: es una invitación a la fantasía y a perderse en los pequeños detalles. A través de ella, casi podemos sentir el frío miedo de los lobos, escuchar su aullido o entristecernos al imaginar la nostálgica mirada de los perros callejeros frente a las casas con luz. Son la continuación del poema, son un nuevo poema en el que sumergirnos.


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