ABRIL ES la estación de las eternas lluvias.
Hay cierto hechizo en el trasiego de los hombres
reflotando las cosas arrastradas por la riada.
Cierta magia en el chapoteo de los patos
y en la creciente inquietud de los perros.
El silencio pone su larga mirada
en los labios sellados de los niños.
Abril es la estación de las calles anegadas.
Con la nariz contra el cristal
la lengua lame y los dedos golpean sobre las gotas
creando una música
que parte hacia varias direcciones.